De la ignorancia al Estado fallido

De la ignorancia al Estado fallido

febrero 21, 2020 Desactivado Por La Opinión de

Parte de nuestro sistema político está construido en instituciones y leyes heredadas del periodo posrevolucionario, ya que a diferencia de naciones con democracias más avanzadas nosotros hemos alterado al menos 4 veces nuestro “pacto social”.

Entendamos el concepto anterior como una constitución o en el sentido de las teorías contractualistas, como un acuerdo entre gobernantes-gobernados para la sana convivencia social aunado al orden jurídico-político. Durante esas cuatro ocasiones me refiero a las constituciones políticas que la nación ha tenido en su historia, además de cómo la actual, de 1917, ha estado sujeta a modificaciones que van en el sentido de blindar los abusos o bien caprichos y ocurrencias presidenciales.

Sabemos que el gobierno actual ha insistido en su discurso que encabeza la autodenominada Cuarta Transformación de la vida pública del país, pero en el poco tiempo de gobierno más que marcar una clara línea de diferencia en torno a los lamentables o cuestionables resultados de sus predecesores, que, si bien se ha señalado al neoliberalismo como la causa de todos los males, las acciones distan mucho de un cambio profundo, de una reingeniería del sector público y de sus estructuras políticas.

Habiendo grandes problemas como el del INE, la crisis del sector salud, la inseguridad y violencia por causa del crimen organizado, los feminicidios, la administración pública federal ha demostrado su incapacidad, aunado a su falta de estrategias y políticas públicas concretas para hacer frente a una cantidad de problemas.

Gran parte del actuar como el decir del Ejecutivo no hace más que simular y creer que aún sigue en campaña, polarizando, polemizando e improvisando. Buena parte de sus colaboradores incluso ignoran uno de los principios básicos de política, señalado por Maquiavelo en El Príncipe, que es el de hacer caso a los aduladores, pues todo hombre de Estado que no esté dispuesto a empaparse de su dosis diaria de opinión pública sus proyectos, decisiones estarán condenadas directamente al fracaso.

Pues la realidad nos demuestra que no hay ni un solo funcionario o colaborador cercano del mandatario, que le señale sus errores, mucho menos su base de simpatizantes. Ofende terriblemente el desdén que tiene a las cuestiones técnicas, jurídicas, administrativas que implican el ejercicio de gobierno, pues no es cosa menor afirmar que los delincuentes tienen derechos, que los feminicidios opacan la rifa del avión presidencial y que son culpa del neoliberalismo. Lo anterior cada vez nos hace estar más cerca de la delgada línea del Estado fallido.

Gildardo Ledesma

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