De porro a Vicepresidente

De porro a Vicepresidente

marzo 10, 2020 Desactivado Por La Opinión de

Del paso de la niñez a la adolescencia tenía una frase favorita que dice “Los sueños de los grandes soñadores jamás llegan a cumplirse, siempre son superados”, aún me gusta, pero no como en aquellos días; hoy confieso que me resulta no solamente utópica, sino también empalagosa, pero quizá tenga parte de verdad el autor.

Hace 10 años que un grupo de jóvenes universitarios, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la Universidad Complutense de Madrid, hicieron frente a un acto de autoridades gubernamentales, intentando boicotear el mismo, pero no por el simple hecho del boicot, sino con el objetivo de expresarse y manifestar sus inquietudes a las autoridades del gobierno nacional.

Íñigo Errejón, entre otros, liderados por Pablo Iglesias, buscaban dejar de manifiesto el descontento de una sociedad española que, más que apática políticamente, estaba descontenta, descontenta ante la complicada situación política y económica que atravesaba el país ibérico.

Hoy a 10 años de distancia ese joven coletudo, aún coletudo, pero ya no tan joven, no solamente es el líder de un partido político, sino que es el Vicepresidente de Gobierno de España, y la semana pasada le tocó más que nunca verse del otro lado de la escena política.

En un acto en la misma universidad, en la misma facultad y en el mismo auditorio donde él hace 10 años confrontó a los representantes de gobierno, el miércoles pasado el vicepresidente fue confrontado por un grupo de jóvenes, que como él hace 10 años, querían exponer sus ideas, ideas que más allá de ser concretas o programáticas, fueron ideas primordialmente basadas en valores ideológicos, lo cual también es legítimo y respetable.

Sin embargo, y a pesar de que las inquietudes juveniles eran poco concretas, el punto de interés, desde mi punto de vista, estaba en el simple hecho de saber cómo respondería o actuaría Iglesias ante los que lo enfrentaron, pero que asimismo le pudieron recordar sus días universitarios.

Iglesias y sus asesores, pienso yo, tenían dicho escenario presupuestado, sino era así, mal hubieran hecho, pues era casi natural que sucediera, era el espacio y el tiempo propicio para ello. Aún así, Iglesias dio una lección de que, aunque es sumamente difícil mostrar coherencia entre el momento de ser oposición y el momento de ser gobierno, esto es posible cuando tienes ideas medianamente afincadas en la cabeza.

Políticamente también mostró colmillo –experiencia–, al pedir un micrófono para el líder manifestante, no solamente se mostró democrático y abierto al diálogo, sino que también pudo –con cierto riesgo– evidenciar la debilidad racional de los fuertes gritos de quienes se manifestaron.

Iglesias actuó, como también lo ha hecho en otras ocasiones, como Vicepresidente: impecable. Y sin faltar inmediatamente a los valores e ideales que mostró como oposición.

En semanas pasadas, al reunirse con líderes agrarios, quienes exigen mejores condiciones para la producción agrícola, pero sobre todo para una competencia justa frente a las grandes cadenas de supermercados, Iglesias finalizó dicha reunión diciendo: “y por favor no dejen de manifestarse y de exigir sus derechos”.

No soy utópico y tampoco creo que todo esto sea parte de un corazón plenamente bondadoso, pero sí creo en la política como medio del diálogo para la solución de conflictos; e Iglesias lo está sabiendo hacer, inclusive le empieza, en estas primeras semanas de gobierno, a salir su plan de mostrarse ahora como parte del gobierno y ser coherente con las exigencias ideológicas.

Muchas críticas tuvo que soportar en años pasados, donde no eran pocos quienes hablaban de una posible desaparición de su formación morada, igualmente algunos le criticaron no haber aceptado las condiciones del PSOE y el Presidente Pedro Sánchez después de las elecciones de abril, sin embargo, parecía que aun con los riesgos que venían implícitos, él sabía lo que hacía.

Reconozco que, en lo individual, Iglesias no es un político santo de mi devoción, mucho menos cuando es oposición, donde parece justamente ser bastante utópico y extremista, basándose más en valores que en ideas programáticas reales; pero hoy aplaudo a un Iglesias que parece sentirse cómodo siendo gobierno, cuando su naturaleza es ser un político antiestablishment.

Iglesias, a 9,000 km de distancia, le muestra a López Obrador que, aunque resulte difícil, en posiciones de partidos de los extremos ideológicos, ser coherentes entre los momentos como oposición y gobierno, esto es posible. Hoy Iglesias podría dar cátedra a todos los morenistas que no solamente carecen de experiencia para el diálogo político, sino que tampoco han podido dar resultados a partir de la gestión y las políticas públicas.

Podrían, quizá, los Barbosa, Sheinbaum, Bonilla y Cuitláhuac, liderados por el Presidente López Obrador, tomar un seminario de otras izquierdas más coherentes, es más, no solamente podrían… deberían, por el bien de ellos y por el bien de México.

Isidro O’Shea
Twitter: @isidroshea

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