Retórica asesina

Retórica asesina

agosto 8, 2019 Desactivado Por La Opinión de

Es una verdad prácticamente infalible que las palabras de odio se convierten en la antesala de la violencia, el horror y la muerte. Hoy, por diversas geografías y latitudes del planeta, una retórica asesina infecta, invade y enferma millones de mentes humanas: en esta ocasión, la atrocidad tocó la puerta de mexicanos asesinados en El Paso, Texas, a manos de un supremacista cuyo siniestro delirio consistió en detener una presunta “invasión hispana” en Estados Unidos.

Desafortunadamente, este lamentable acontecimiento no causa sorpresa en un país cuyo control de armas es prácticamente nulo; pero peor aún, no es de extrañarse semejante suceso cuando el propio Presidente Donald Trump ha sembrado un camino de discriminación hacia los mexicanos, desde los tiempos de campaña presidencial de su país en 2016. En días recientes hemos atestiguando, una vez más, los resultados de la retórica del odio, la misma que llevó a Adolfo Hitler al poder en Alemania y generó el Holocausto; él afirmaba que “las amplias masas de un pueblo se mueven por el poder mágico de la palabra”, y vaya que su habilidad oral fue trágicamente efectiva.

Mientras tanto, al sur del Río Bravo, el Presidente Andrés Manuel López Obrador, a través del Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard, giró instrucciones para tomar acciones jurídicas de acuerdo con el derecho internacional. Aunque su intención puede ser loable, la posición del Estado mexicano, sin duda, debe ser mucho más dura, audaz y contundente. El hecho de que López Obrador “sugiera” a Donald Trump mayor control de armas es insuficiente. Ante la atrocidad no hay cabida para la tibieza: una postura enérgica, valiente y con carácter que evidenciara la responsabilidad de Trump en esta tragedia, desde la retórica de odio e ignorancia, que él mismo ha promovido en contra de México por tanto tiempo, sería un excelente punto de partida.

Por otro lado, que bien haría López Obrador si, por unos momentos, decidiera reflexionar acerca de lo acontecido en Texas para vislumbrar los alcances tan perjuiciosos del divisionismo, del lenguaje del “ellos” contra “nosotros”. Como señala de forma impecable el escritor Francisco Martín Moreno en su libro Ladrón de Esperanzas, “resulta al menos paradójico que AMLO enfrente a ricos contra pobres, a pueblo impotente contra minoría rapaz, a fifís contra desposeídos, a mexicanos de tez oscura contra mexicanos de tez blanca, a pirrurris contra pueblo sabio, a tecnócratas contra burócratas, a iluminados contra corruptos, a liberales contra estatistas, y al mismo tiempo solicite ‘amor y paz’ a su rebaño con los brazos extendidos invocando la misericordia divina. Quien ama a México no lo desune ni le arranca las costras”.

Si lo que se busca es el cese de la violencia en ambos lados de la frontera, no solo bastará revisar, con justa necesidad, el tema del control de armas, sino que tanto Trump como López Obrador realicen un muy serio acto de contrición: tanto la retórica visceral del primero, como el discurso pasivo-agresivo del segundo, están matando personas, literalmente. Mientras ambos mandatarios no supriman para siempre la retórica asesina que vive bajo sus tóxicas lenguas, ni ellos, ni Estados Unidos ni México podrán dormir con las conciencias tranquilas.

Bernardo Ramírez López
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