Decadencia y crisis de los derechos humanos

Decadencia y crisis de los derechos humanos

octubre 23, 2018 Desactivado Por La Opinión de

Ximena Jiménez García

A mediados del siglo pasado los derechos humanos empezaron a cobrar fuerza a través de tratados internacionales y visiones progresistas en la implementación de leyes internas de cada Estado; además de la creación y aplicación de mecanismos de defensa de los mismos.

Hoy en día existen casos ejemplares sobre el avance de los derechos humanos, como el reconocimiento de los derechos de las personas LGBT+, los esfuerzos para colocar a las mujeres en un plano de igualdad formal y material en derechos laborales, derechos sexuales y reproductivos, derechos civiles y políticos, etc. Estos ejemplos, entre tantos más, nos hacen ver que el desarrollo de la humanidad va por buen camino, y puede apreciarse que es más común el pensamiento colectivo de que todas las personas gozan de derechos humanos.

Pero si estamos viviendo el auge de los derechos humanos ¿por qué también ha tomado tanta fuerza el discurso limitativo de los mismos? Me remito al plano político internacional, varias cabezas de Estado han llegado al poder –candidatos que han estado cerca de haber llegado–, a través de discursos discriminatorios antiinmigrantes, xenófobos, antisemitas, racistas y misóginos.

En primer lugar, cabe hacer mención de los Jefes de Estado, que tanto en sus candidaturas, como en sus mandatos, han replicado discursos de odio: Donald Trump es el obvio primer ejemplo; del mismo modo se encuentra Andrzej Duda, en Polonia, quien obtuvo el 51.55% de los votos mediante el discurso de odio contra el multiculturalismo, los cambios sociales, la comunidad LGBT+, el feminismo o incluso contra las asociaciones ecologistas; ya en el poder ha limitado las subvenciones a las organizaciones protectoras de derechos, ha retirado la financiación a los tratamientos de reproducción asistida y ha limitado el acceso a la píldora del día siguiente.

Como candidatos, peligrosamente cerca de haber ganado las elecciones con estos discursos, encontramos a Marine Le Pen, en Francia, quien obtuvo el 33.90% de los votos, frente al 66.1% de Macron (no obstante, en la primera vuelta perdió por una brecha diminuta del 2%); de la misma forma recuerdo el caso de Geert Wilders, en los Países Bajos, quien obtuvo el 13.1%, frente al 21.4% de Mark Rutte (las encuestas las lideraba Wilders en un 23%, contra el 15% de Rutte)

Como último ejemplo se encuentra Jair Bolsonaro, quien obtuvo la victoria en la primera vuelta en Brasil con un 46,66 %; antes y durante su campaña ha reiterado discursos racistas, misóginos y homófonos, así como, su propuesta de militarización del Estado.

Pero, ¿a qué se debe este auge del autoritarismo, laceración de derechos humanos y discursos de odio? Muchos lo atribuyen a la inseguridad que tienen las personas frente a las crisis económicas e inseguridad, otros tantos, lo ven como forma de protección a los “valores nacionales”. Por otro lado, existe una teoría que podría explicar este fenómeno: la auto licencia moral (self licensing o moral licensing).

La auto licencia moral implica la permisión de hacer actos fuera de nuestra ética o moral, que nos hacemos al estar convencidos –o haber convencido a los demás– de la bondad de nuestro actuar. Un ejemplo claro, citando a Malcom Gladwell, es el de Barack Obama, el primer Presidente afroamericano de Estados Unidos, quien mediante su elección emitió un mensaje al mundo de que el racismo se estaba dejando atrás, aunque realmente no fue así; los votantes de Obama, en su mayoría, no son personas con tendencias menos racistas, solamente creyeron en ese momento que estaban haciendo lo correcto y al convencerse de ello se permitieron actuar de forma opuesta, posteriormente.

¿Será que la humanidad se ha convencido de hacer demasiado bien y ahora se da una auto licencia para actuar de forma contraria? Espero que no sea así.

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