México y España

México y España

septiembre 16, 2020 Desactivado Por La Opinión de

I.

Allá, detrás del mar, la playa amena
de la tierra del Cid y los Guzmanes;
la Cruz plantada en la morisca almena
y rotos a sus pies los yataganes.

Allá, campos cruzados de gomeles;
murallas que los godos defendían;
palacios con ojivas y caireles;
donde las ninfas del harém dormían.

Allá las cinceladas armaduras;
los cascos relucientes con cimeras;
los castillos poblados de aventuras;
las torres coronadas de banderas.

Allá, los altos picos del Montayo;
el Guadalete con la sangre tinto;
los manes de Rodrigo y de Pelayo;
las tumbas de Fernando y Carlos Quinto.

Allá, todo eso que esplendor se llama,
la tradición, la fábula, la historia,
los hechos coronados por la fama
y los héroes ungidos por la gloria.

Aquí las noches llenas de luceros;
el campo lleno de silvestres flores;
el volcán con sus hondos venquisteros
y el lago con sus juncos tembladores.

Aquí, la viren tierra americana,
bajo su azul y eterno cortinaje:
el rey desnudo, la vestal indiana,
el bosque inculto y el aduar salvaje.

Aquí, errabundo, el ignorado atleta
de audacia ejemplo y de valor tesoro;
en las entrañas del peñón la veta,
y el barro confundido con el oro.

Aquí el templo de tosca gradería;
el ídolo hecho un Dios armipotente,
y del pueblo la sorda gritería
al verlo bautizar con sangre hirviente.

Aquí, el carcax, el arco y la rodela
de tosca piel, con plumas adornada;
la aguda flecha que en los aires vuela
y la macana en pedernal labrada.

Aquí, sólo un baluarte: la montaña;
allá, torres y naves y cañones;
tal fue Tenoxtitlán; tal era España.
¿Cuál vencerá en la lid de ambas naciones?

II.

Admiro, Iberia altiva, tu nobleza,
tu carácter indómito y bravío,
pero a la par admiro la grandeza
y el heroico valor del pueblo mío.

¿Qué hallaste en estos reinos ignorados?
Un pueblo que del oro no se engríe;
una Otumba que asombra a tus soldados
y un Cuauhtémoc que en el tormento ríe.

Culparte en nuestros siglos fuera mengua;
venciste y nadie intentará culparte;
entre tus dones heredé tu lengua
y nunca la usaré para insultarte.

Si a la justicia destronó el capricho;
si está con sangre escrita cada hazaña;
¡ah!, yo diré lo que Quintana ha dicho:
“crímenes son del tiempo y no de España”.

¡Nuestra sangre es igual! Que nadie oponga
a nuestra unión calumnias y rencores;
¡la plegaria inmortal de Covadonga
siglos más tarde resonó en Dolores!

La misma en nuestra raza altiva y fiera;
igual nuestro carácter franco y rudo;
aquí, el águila libre por bandera;
allá, el león, por símbolo y escudo.

No de venganza con mentido alarde
nuestras glorias hundamos en la niebla;
¡hijos de Zaragoza y de Velarde
juntos cantemos a Bailén y a Puebla!

Justos el mexicano y el ibero
tener tuvieran en mejores días:
¡para cantar su patriotismo a Homero!
¡para llorar sus duelos, a Isaías!

Hoy la gloria con bellos arreboles
ilumina enlazadas nuestras manos;
¡honor eterno a México, españoles!
¡honor eterno a España, mexicanos!

Juan de Dios Peza


Imagen: Cleo Robertson / pixabay.com

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